5 jun. 2012

Indianas sin futuro, pero con presente

Portada del útimo libro de Ignacio Rodríguez Temiño
Ignacio Rodríguez Temiño es autor del capítulo 34 de este libro y acaba de publicar con JAS Arqueología Indianas jones sin futuro. La lucha contra el expolio del patrimonio arqueológico. Aunque aproveche para presentar el libro, esta entrada pasa por una serie de catastróficas desdichas que han venido ocurriendo durante los últimos días.
Y es que el libro habla de expolio activo, de piteros, de piratas y de muchas otras cosas, pero existe otro expolio que se trata de pasada. Un expolio pasivo, por dejadez, incompetencia o negligencia de las administraciones que deberían velar por nuestro patrimonio.
La semana pasada empezó con Facebook ardiendo por el caso de Arce (Navarra). Doscientos mil eruos de la Confederación Hidrográfica del Ebro para restaurar una capilla románica que quedó peor de lo que estaba... vamos, que se la cargaron. Tanto los arquitectos de la empresa adjudicataria (sí, arquitectos) como los de Patrimonio (que sí, arquitectos) son culpables de un expolio que va a quedar impune salvo que alguien lo denuncie. Yo no...
Entonces me llegó el borrador de la nueva ley de patrimonio de la Comunidad de Madrid. Una ley express de 24 páginas que no sirve absolutamente para nada. Sr. Vicepresidente, lo que necesitábamos era un reglamento de actividades arqueológicas, no esa basura. ¿Qué es lo que más me preocupa? No la falta de definición con respecto a la práctica arqueológica, que así ya estamos, sino una ventana, infinita al expolio e incluso al aprovechamiento privado (económico) de los restos. Vamos, que esta ley es una negligencia grave.
Y llegó el fin de semana con un 'arsenal' de armas de principios de siglo y una redada policial. Los comentarios a la noticia no tienen desperdicio y uno se pregunta... ¿Qué imagen tiene la sociedad de la administración que vela por nuestro patrimonio? ¿Por qué?
Pues por ejemplo, por otras dos noticias que arden hoy en Facebook:
1. La instalación de un aerogenerador destruye un castro cántabro en Aguilar de Campoo (ver).
Una destrucción legal, o legitimada por la ley, de patrimonio arqueológico ¿Quién tiene la culpa? La Junta de Castilla y León, desde luego. El expolio quedará impune... y la culpa no es del aerogenerador. Es de la persona que NO prospectó y/o la persona que NO revisó su trabajo. ¿Cuándo vamos a tener responsabilidad por nuestros actos?
2. Un claustro románico en la piscina (ver).
De un suizo que tiene un claustro románico en su finca de Palamós... y es suyo. Estoy convencido de que la ley respalda su propiedad y el dueño está en su derecho de no dejar pasar a nadie. Lo que me preocupa son las declaraciones de los responsables políticos que deben velar por la protección del patrimonio. Se pasan la pelota los unos a los otros sin saber muy bien qué hacer. Por favor, no hagáis nada.
Y es que el esperpento de la gestión del patrimonio supera la ficción. La arqueología está herida de muerte y su patrimonio también. ¿Qué estamos haciendo mal para que pase esto? Yo no lo voy a repetir más veces... 
Como decían el año pasado los libros de Hessel: 'Indignaos!' y 'Reaccionad!'
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[Debate iniciado por: Jaime Almansa Sánchez]

4 comentarios:

  1. Anónimo6/6/12 1:19

    Desde hace muchos años me he considerado un buen aficionado a la detección metálica, eso que de forma despectiva llamais piteros.

    Cuando digo que me he considerado un buen aficionado, lo digo desde la perspectiva del respeto al patrimonio, y del pleno convencimiento de no estar haciendo nada nocivo para el mismo. Dentro de ese convencimiento, he colaborado con las fuerzas del orden público (hasta que ví que no servía de nada), he colaborado con la administración (hasta que ví que no servía de nada, y que el patrimonio les importa un pimiento), y he colaborado con arquéólogos en todo lo que he podido, y lo que ellos han querido, que a decir verdad, no ha sido mucho dados los prejuicios existentes.

    Ahora, vivido lo vivido, y visto lo visto, no puedo más que sentirme cada día más orgulloso de mi afición. Cada día tengo más claro que los verdaderos malos (aunque también los hay) no están todos dentro de la detección metálica. Una buena parte están detrás de mesas de despacho, hablando por teléfono de la necesidad imperiosa que tienen de cambiar el sofá de casa, o de como programarán las vacaciones con el amigo de turno, todo ello, en lugar de preocuparse por ejercer con honestidad, devoción y respeto la tarea para la que se les paga.

    Mi última experiencia fue denunciando el saqueo de una necrópolis ibérica (Santo Tomás, ni una más). Ofrecí todo tipo de facilidades, localización con coordenadas GPS, acompañarles al lugar, etc, etc. El resultado fue el esperado, no hicieron nada, y alguien hizo el agosto con lo que sacó de allí durante sus incontables visitas al yacimiento.

    Al principio estas cosas me dolian, ahora he aprendido a verlas como algo normal. La administración prefiere matar mosquitos a cañonazos, a realizar una gestión/protección eficiente y responsable del patrimonio, y a depurar responsabilidades cuando esa gestión no es lo que debiera ser, y causa algún tipo de daño.

    "Indianas Jones sin futuro", lo dudo, más bien "Con el enemigo en casa".

    Francisco J. Matas

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  2. Hola Francisco Javier, gracias por comentar... tenía la sensación de que lo harías. Como ya sabes, soy bastante más británico que, por ejemplo, Ignacio en esto del detectorismo. Los problemas, sin embargo, los tendremos que atajar por partes.
    A lo que dices, creo que no tengo nada que objetar y de echo ese es el fondo de esta entrada. Un 'anexo' al libro sobre un tema que no se trata en profundidad porque merece otro libro.
    Igual que no todos los detectoristas sois malos, no todos los funcionarios son malos. Hay veces en las que se trata de un problema real de tiempo/recursos, otras es incompetencia o pasividad y en muchos casos, más de los que debería, se trata de mera política ejercida por políticos.
    Este caso es tan complejo como el del detectorismo y no tiene una solución fácil tal y como están las cosas. Lo que está claro es que la administración expolia sin querer o sin saberlo, más que nadie y que no ha sido capaz de desarrollar herramientas para atajar ese (y el otro) expolio.
    El futuro está muy lejos... hasta entonces, la sensación que tengo es que los Indianas jones están teniendo más futuro que nunca, en parte por la inoperancia del sistema.
    Pero lo dicho, no todo es blanco o negro. Ejemplos hay y muchos, de grandes profesionales que han trabajado y trabajan por el patrimonio hasta las últimas consecuencias. Gracias a ellxs todavía tenemos patrimonio y las cosas no están tan mal... que toda situación es susceptible de empeorar ;)

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  3. Uno de los problemas del expolio es el detectorismo. O mejor dicho, algunas personas poseedoras de detectores de metales. Mis experiencias personales en este campo son bastante amargas: yacimientos destrozados y/o arrasados, intentos de agresiones personales… Con lo que entenderéis que me salga “sarpullido en la piel” cada vez que se menta a, para mi, el Diablo. Tengo que reconocer que, como he dicho al principio, el problema es la persona no el aparato pero ¿Qué hacemos si tenemos un país en el que la legislación es ese sentido o es vaga o no existe en algunos casos?
    Coincido con Francisco en el que otro, y el principal problema, está sentado en una mesa tras un despacho. Personas que gestionan el Patrimonio y que no saben ni lo que “Patrimonio” entraña. El famoso claustro de Palamós es un ejemplo. Ese claustro está ahí porque alguien le dejó al dueño llevárselo. O porque alguien lo vendió. No es la primera ni la última vez que un párroco vende material eclesiástico para menesteres poco religiosos. Pero lo mismo hablamos de gobiernos (que palabra tan denostada, por cierto) ¿Gobierno alguien que ni siquiera es capaz de conocer la existencia de un castro en su territorio? ¿O es que no interesaba ese castro? Claro, paga mejor una empresa eléctrica que un yacimiento arqueológico que no se puede defender.
    Lo malo, Francisco, es que nos metes en el mismo saco a todos. A arqueólogos que lloramos de rabia ante barbaridades, gestores que solo ven el color del dinero y técnicos cuya única preocupación es que lo que hagan les de bien para vivir.

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  4. Anónimo7/6/12 18:50

    Hola Vegaol,

    Hace ya algunos años escribí una carta solicitando poder colaborar junto a mi asociación en un importante proyecto de investigación arqueológica.

    Uno de los parrafos de aquella carta decía así:

    "Dado que el uso intensivo que se ha hecho de los detectores de metales para cometer todo tipo de ilegalidades contra nuestro patrimonio arqueológico, ha fomentado una equivocada idea sobre cual es el verdadero uso del detector de metales en la práctica de nuestra afición, generando una lógica animadversión hacia nuestro colectivo, creemos fundamental ir un paso más allá, y ser nosotros los que solicitemos colaboraciones que permitan mostrar la cara más amable de nuestra afición, así como las aplicaciones positivas que un detector de metales puede tener.

    Para nosotros es fundamental mediante el dialogo y unos razonamientos objetivos, crear una clara línea divisoria y una conciencia social real, que desvincule definitivamente nuestra afición (la que nosotros practicamos) del expolio y de los expoliadores, a pesar de compartir el uso de una misma herramienta."

    Creo que es innegable la existencia de expolio con detector de metales, al igual que es innegable la existencia de aficionados a la detección metálica que estarian dispuestos a ayudar y colaborar en todo lo que estuvise en sus manos, si alguien les dejase hacerlo o si se legislara en ese sentido. Yo no puedo negar lo innegable, y tampoco me gusta que la otra parte lo haga. Soy consciente de que existe expolio con detectores, y también soy consciente que existen muchos aficionados que merecen poder practicar su afición al amparo de una legislación adecuada.

    Yo llevo mucho tiempo solicitando una regulación adecuada, y esta regulación consiste en los siguientes aspectos generales:

    1.- Censo de aficionados y detectores.
    2.- Uso obligatorio del GPS en la práctica de la detección, para así poder georreferenciar hallazgos casuales descontextualizados.
    3.- Limitar el uso de detectores de metales a zonas de labor donde la práctica de la detección es inocua y no puede afectar al contexto estrátigráfico.
    4.- Registro obligatorio de todos los hallazgos realizados in situ, en un modelo de formulario oficial. De manera que ante cada hallazgo haya que parar, y rellenar el apartado correspondiente.
    5.- Obligación de declarar todo lo hallado junto con los datos GPS de aparición.
    6.- Establecer arqueólogos de zona que actuen como enlaces entre asociaciones de aficionados y administración, y que a su vez se hagan cargo de los datos y objetos aportados.
    7.- Permitir al hallador conservar en concepto de depósito, aquellos hallazgos que no tengan interés o la relevancia necesaria para que pasen a formar parte de los fondos de un museo. Todo ello con las obligaciones correspondientes de préstamo, conservación y acceso a la investigación.

    Básicamente, creo que en estos términos se podría trabajar en una Ley objetiva y que redundaría en positivo para todos, menos para los expoliadores. Un sistema así, ayudaría a la implicación de los aficionados para denunciar aquellos actos que pusiesen en peligro el patrimonio, y por extensión, la práctica reglada de su afición.

    Digamos que es algo similar a lo que ya se hace en el Reino Unido, pero con los matices necesarios que permiten su aplicación en nuestro sistema jurídico.

    Francisco J. Matas

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