29 nov. 2012

Capítulo 52

Caminante no hay futuro, ¿Podremos hacerlo al andar?
Sergio Escribano Ruiz


El futuro… la arqueología… Seguramente hoy son mayoría quienes consideran que son dos términos enfrentados, y lo harán por razones tan sólidas como evidentes. Afortunadamente no existe la razón única y mediante estas breves líneas trataré de ofrecer una visión más optimista, quizá ilusa. Y lo haré porque ha sido la forma en la que he afrontado mi experiencia en arqueología desde hace ya más de una década, con mucha ilusión y trabajo. Y, de momento, así seguimos…
Pero, además, mi argumentación será un tanto paradójica, ya que defiendo que el mayor potencial de la arqueología reside en la línea de investigación menos desarrollada en la actualidad, aquella que estudia el pasado que se extiende desde 1500 hasta el presente. La pluralidad de designaciones disponibles para hacer referencia al estudio material de este lapso cronológico (arqueología postmedieval, histórica, industrial, del pasado reciente y contemporáneo, postcolonial) es un claro síntoma de su dinamismo actual. Pero evidencia también el estado emergente de la arqueología post1500, un campo desarrollado aún al margen de los cauces unificadores de la mayoría académica.
Esta indefinición o estado emergente es uno de los aspectos por los que creo que la arqueología del pasado reciente puede ser la arqueología del futuro para algunos de los que aún no hemos conseguido consolidar nuestro futuro laboral. Todavía es una tierra de nadie. Aunque es el periodo más representado en la estratificación de cualquier paisaje, edificio o excavación, apenas ha sido objeto de investigación específica. Por tanto, existe una cantidad ingente de material esperando a ser estudiado. Y l@s arqueólg@s estamos comenzado a ser conscientes de ello. Aún recuerdo cuando me llamaban “periodista” por dedicarme al estudio de la cerámica postmedieval. Ahora, parte de la gente que se dedicaba a la arqueología “verdadera”, está comenzando a estudiar los periodos más próximos del pasado, evidenciando que hay futuro en la interpretación histórica de los restos materiales recientes.
Pero, más allá del vacío académico e historiográfico, consideramos que la fuerza de la arqueología del pasado reciente y contemporáneo reside en otro aspecto, en su potencial para construir una historia crítica de la sociedad actual. Desde que Tarlow y West (1999) nos demostraran que el pasado reciente nos resulta menos familiar de lo que creemos y desde que Buchli y Lucas (2001) nos hicieran ver la necesidad de una arqueología contemporánea, una arqueología del yo, su práctica está siendo imparable en Europa.
En España ya se han dado los primeros pasos al respecto, ya hay un camino a seguir. Sólo queda que seamos much@s más los que nos encontremos en ese camino, y que entre tod@s sustituyamos la historia vigente por otra que, al incorporar el discurso material, construya un relato más inclusivo del pasado y proporcione un nuevo conocimiento sobre el presente.
Es posible que esta profecía se cumpla para algún@s. También es probable que no; que se quede en una simple divagación, en una destilación de las ideas que ahora rondan mi mente. Si desgraciadamente el futuro me obligara a asumir mi fracaso predictivo, al menos podrá consolarme la intención de esta breve reflexión, tratar de mantener la esperanza ante la penumbra que se cierne sobre el horizonte arqueológico.

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